lunes, 14 de noviembre de 2011

Yo ya no voto.





¿Qué es cierto?, ¿qué es falso?, ¿qué es información?, ¿qué es desinformación?, ¿qué son hechos objetivos?, ¿qué son proyecciones subjetivas?, ¿qué relación existe entre el observador y lo observado? El espacio de pensamiento conspirológico es una escuela de percepción. “En el comienzo de toda ciencia—afirma el psicoanalista Jacques Lacan—se sitúa la histeria.” El miedo al mundo, a lo intangible, a un repentino suceso trágico es el motor que impulsa la curiosidad y la necesidad de conocimiento. El pensamiento conspiralógico conserva todavía parte de ese celo provocado por el miedo (…) El terreno fronterizo entre el pensamiento crítico y la paranoia patológica es un campo de minas. No obstante, no sólo merece la pena adentrarse en él, sino que las conspiraciones reales y sus peligrosas consecuencias para al sociedad obligan a hacerlo.


Las teorías de la conspiración constituyen un buen ejemplo del descubrimiento de la física cuántica, que revela que es imposible describir la realidad sin incluir al observador. “El paranoico conoce todos los hechos”, afirma William S. Burroughs. El observador paranoide no permite imprecisiones, vaguedades ni equívocos, y encuentra una razón hasta para la casualidad más evidente. Para él teoría y práctica son una misma cosa: él percibe una verdadera conspiración donde otros no ven más que indicios vagos de una posible relación enter sucesos, o donde no ven absolutamente nada. Las teorías de la conspiración reducen la complejidad, desenmarañan las confusiones y explican lo inexplicable: así es para el paranoico esquizofrénico, que proyecta su desesperación interior en la persecución exterior, y también al teórico de la conspiración racional, que satisface su necesidad de explicaciones estableciendo conexiones vagas y formando con ellas cadenas causales lógicas.


La mayor parte de las teorías de la conspiración caen en el error de sobreestimar la influencia lineal de los actores y subestimar la complejidad dinámica de los procesos (como es el poder de la ley de Murphy y la omnipresencia de la estupidez humana). (…) Sin embargo, [las] teclas que unas personas determinadas tocan con discreción en momentos determinados revisten gran importancia cuando se juzgan los sucesos históricos. NEGAR las conspiraciones es tan ingenuo como pensar que TODO es fruto de una conspiración.


(…) no es el ciudadano exagerado e ingenuo que tiende a buscar un chivo expiatorio quien proporciona el caldo de cultivo para la proliferación de las teorías de la conspiración; son los Estados y las élites del poder, que sufren una paranoia crónica. O dicho de otro modo: si actualmente tres cuartas partes de la población desconfían de su gobierno, los gobiernos se fían menos todavía de la población. Intervención telefónica, videovigilancia, controles de orina o homeland security (“seguridad nacional”) son sólo algunas de las palabras clave de moda. Además, todos los Estados disponen de leyes contra las conspiraciones y cuentan con autoridades y personal especial que persigue noche y día cualquier tipo de subversión.
—Mathias Bröckers en “11S”

4 comentarios:

Eastriver dijo...

Y yo sigo pensando que la verdad existe, o que existen certezas en este mundo oscilante. Si no lo pienso así, todo se desmorona. O todo se desmorona porque no lo pensamos así.

mariajesusparadela dijo...

Y, en el fondo, ¿qué les importa a ellos nuestro voto?

emejota dijo...

Una cosa siempre tuve clara, siempre al perdedor más perdedor. Beso.

Aquí me quedaré... dijo...

Si no has votado, cualquier resultado, para tí, es bueno e inmejorable.

Has dejado que los demás decidamos por tí

Felicidades