miércoles, 27 de octubre de 2010

Orden social. El grupo y el individuo.




Un grupo de científicos encerró a cinco monos en una jaula, en cuyo centro colocaron una escalera y, sobre ella, un montón de plátanos.
Cuando uno de los monos subía la escalera para agarrar los plátanos los científicos lanzaban un chorro de agua fría sobre los que se quedaban en el suelo.
Pasado algún tiempo, los monos aprendieron la relación entre la escalera y el agua, de modo que cuando un mono iba a subir la escalera, los otros lo molían a palos.
Después de haberse repetido varias veces la experiencia, ningún mono osaba subir la escalera, a pesar de la tentación de los plátanos.
Entonces, los científicos sustituyeron a uno de los monos por otro nuevo.
Lo primero que hizo el mono novato nada más ver los plátanos fue subir la escalera. Los otros, rápidamente, le bajaron y le pegaron antes de que saliera el agua fría sobre ellos.
Después de algunas palizas, el nuevo integrante del grupo nunca más subió por la escalera.
Un segundo mono fue sustituido, y ocurrió lo mismo con el que entró en su lugar.
El primer sustituido participó con especial entusiasmo en la paliza al nuevo.
Un tercero fue cambiado, y se repitió el suceso.
El cuarto, y finalmente el quinto de los monos originales fueron sustituidos también por otros nuevos.
Los científicos se quedaron con un grupo de cinco monos que, a pesar de no haber recibido nunca una ducha de agua fría, continuaban golpeando a aquél que intentaba llegar hasta los plátanos.
Si fuera posible preguntar a alguno de ellos por qué pegaban con tanto ímpetu al que subía a por los plátanos, con certeza ésta sería la respuesta: «No lo sé. Aquí, las cosas siempre se han hecho así».

14 comentarios:

emejota dijo...

Sencillamente genial. Lo he disfrutado. Muchas gracias. Sobran más palabras. Un fuerte abrazo.

RAB//. dijo...

Lo conocía. Aquí las cosas siempre se han hecho así. Sino alguien te denunciará, fijo. El dueño de la escalera ha montado bien su artilugio.

Fackel dijo...

Probablemente sea ésa la respuesta, Tula. Inducidos por los humanos, ¿qué podías esperar? ¿O ya existía este tipo de conductas entre los primates antes de devenir nuestra especie en lo que es?

Evidentemente, gran parte de las conductas y quehaceres humanos siguen esa pauta: se hace porque siempre se ha hecho. Y lo que es peor. Los humanos nos creemos que por haberlo hecho "siempre" está bien hecho. La supervivencia de una actitud es patente de justificación. Una de las ideas más extendidas que resultan falsas y dificultan una evolución más abierta y positiva.

De todos modos, hay otros casos que contar para comprobar otro lado menos agresivo y más constructivo de los simios. Aquel experimento en que se pone un cacahuete flotando sobre una porción de agua en el fondo de una probeta estrecha y alargada. El mono introduce la mano pero no llega. Es cuestión de tiempo, y algo más, para que logre atrapar el maní. Y lo logró, ¿cómo imagináis que lo consigue?

Una mirada grata al día, hermanos.

Stalker dijo...

Brutal, Tula, brutal.

Me desagrada especialmente el experimento, si ha sido tal. Preferiría que fuera solamente una ficción, aunque me temo que estas u otras atrocidades semejantes se habrán perpetrado impunemente en un mundo que no concede ningún derecho a los animales.

Entrando en el meollo de la cuestión, lo que les ocurre a los monos es el proceso de socialización y represión clásico: los automatismos de la educación en que hemos sido formados. Como esos monos, nosotros también estamos dispuestos a segregar, reprimir, golpear (verbal o incluso, si se tercia, físicamente) a partir de ciertos impulsos gregarios implantados por condicionamintos de orden diverso y cuyo origen ha sido borrado por la corrosión del tiempo.

Muy triste el mecanismo, y más triste aún ejercer la violencia, cualquier tipo de violencia.

Gracias por esta entrada que denuncia y nos hace pensar

mariajesusparadela dijo...

Conozco a esos monos. Y enseñan a sus hijos que siempre ha sido así y tiene que seguir siendo...

Mercedes Thepinkant dijo...

Supongo que los mismos mecanismos de aprendizaje y socialización que preservan la evolución y supervivencia de la especie pueden volverse en contra del individuo cuando no se racionaliza ni se cuestiona, cuando se actúa por mero instinto. Lo que es bueno para la preservación del "grupo" como unidad biológica puede ser nefasto para el individuo transcendente, que de castigado pasa a ser castigador sin plantearse nada más. Así nos va.
Besos

Eastriver dijo...

Grande, grande. Qué pena que seamos así. Necesitamos monos que se atrevan a subirse a las escaleras que sean necesarias.

tula dijo...

Supongo, que cuestionando las creencias es posible subir a por los plátanos, aunque fracasemos en el intento
Y sí, pienso que experimentando con nosotros vamos sobrados.
Abrazo para tod@s, me hacéis reflexionar pues cada respuesta es una visión.

RAB//. dijo...

Parafraseándote, Tula: si subes a los plátanos ten por seguro que de tanto tirar para abajo les saldrá algún grano en el culo... :D
:+

Camino a Gaia dijo...

Lo primero que puede deducirse del experimento es que los animales también tienen cultura, entendida como conocimientos o comportamientos que se transmiten a lo largo del tiempo.

Lo segundo que puede deducirse es cómo a través del miedo y el terror se puede domesticar y someter a un conjunto de individuos. O lo que es lo mismo, cómo instaurar el fascismo y las creencias. Solo hay que recordar las técnicas de tortura que usaba la Inquisición, para comprender cómo el "milagro de la fe" haya llegado hasta nuestros días.



Añadiría que me parece recordar que este experimento es una fábula y no un experimento real. Pero no estoy totalmente seguro.

Ofelia dijo...

Hola Tula,
este experimento tiene una lógica implacable puesto que estimula el instinto de supervivencia animal. Si en vez de monos fueran humanos tendría efectos muy similares, porque todavía somos muy buenos animales.
Algunos individuos empiezan a atisbar un nuevo potencial situado en una escala superior, la del ser humano. Una de sus cualidades es la voluntad creativa, grata fuente de sorpresas. Estamos en ello.
Haces unas fotos muy bellas y tienes un blog muy interesante.
Gracias por tu comentario y un abrazo*

Aquí me quedaré... dijo...

La fuerza de la costumbre...
De una o de otra forma nos pasa a todos, creo.

Y referente a lo que dice Fackel, creo que dándole una patada para romperle y poder coger el maní. También con una de las piedras de su entrada.
Ah, se me olvidaba.
La luna está creciendo y la palabrita para entrar, "imancess"

Besos

jcaguirre dijo...

Pobrecitos monos igualitos a nosotros. Siempre he dicho que lo mejor pAra aprender de los hombres es mirar a los chimpances

José Antonio Fernández dijo...

Muy interesante. Para reflexionar. Este texto puede ayudar a entender muchas cosas. Nos movemos por costumbres y nos dejamos inducir por los demás sin plantearnos muchas cosas.
Me ha encantado leer este texto.
Un saludo.